Arrullos del Alma

Yo no puedo explicar lo que me dice el Señor,
cuando pude oír su voz que en silencio me decía:
Callandito, muy callando,
yo te cojo de la mano
y te quiero conducir,
callandito a mi jardín.
Callandito, muy callando,
en silencio y muy despacio,
Yo te llevo de la mano,
tú, déjate conducir,
por este estrecho camino
por el que se va despacio,
muy despacio y muy callando...
Son los arrullos del alma
que el Señor me dice a mí
y aquel que lo quiera oír.

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